La Grande Chartreuse es el lugar donde, en el siglo XI, se creó y se desarrolló la orden de la Cartuja. Está situada en un valle a 1.190 m de altitud, en el macizo de la Chartreuse. Salvo algunas interrupciones temporales por causas ajenas a la evolución monástica, La Grande Chartreuse ha sido la casa madre indisociable de la orden cartujana.
Desde el año 1080, la sede episcopal de Grenoble estaba ocupada por el obispo Hugo (c. 1053-1132), a quien Bruno de Colonia (c. 1030-1101) se dirigió para pedirle un lugar aislado donde poder retirarse y practicar el eremitismo. En 1084, el obispo facilitó a Bruno y a sus seis compañeros un paraje apartado y deshabitado, situado un poco más arriba del lugar donde actualmente se encuentra La Grande Chartreuse. El asentamiento se caracterizó por mantener un notable componente eremítico. Poco a poco, de aquella iniciativa surgiría la orden de la Cartuja.
Mientras se disponían las celdas y los espacios comunitarios para acoger a la comunidad, Bruno y sus compañeros realizaron una breve estancia en el pequeño pueblo de Saint-Pierre y, después, se trasladaron allí. El primer establecimiento contaba con construcciones sencillas, de madera, salvo la iglesia, que se levantó de obra y fue consagrada por el obispo Hugo. Pronto comenzaron a recibir protección de los señores de la comarca y de los habitantes de los lugares más próximos.
En 1090, el papa Urbano II llamó a Bruno a su lado y este abandonó la Chartreuse para ir a Roma. Su marcha puso en peligro la continuidad del proyecto y, incluso, el lugar fue entregado a los benedictinos de La Chaise-Dieu (Auvernia). Sin embargo, ese mismo año la operación se revirtió y la casa continuó bajo la dirección de su prior, Landuino. Bruno no permaneció en Roma y fundó una nueva cartuja en Santo Stefano del Bosco (Calabria), según el modelo de la casa de los Alpes. Aunque mantuvo contacto con ella, nunca regresaría al valle de la Chartreuse.
A pesar del impulso que Bruno dio a la orden, no llegó a establecer una regla por escrito. No fue hasta que Guigo (o Guigues, 1083-1136) ocupó el cargo de prior de la Chartreuse cuando el movimiento, mitad eremítico y mitad cenobítico, se organizó de manera estable hasta convertirse en una orden monástica reconocida. Para garantizar una observancia común entre las diversas casas que iban surgiendo, Guigo redactó las Consuetudines (costumbres), hacia 1127.
Guigo también se vio obligado a reconstruir la Chartreuse. En el invierno de 1132, un alud arrasó la primera casa y siete cartujos perdieron la vida, probablemente la mitad de la comunidad, que según la regla estaba limitada a trece miembros. Debido al riesgo que representaba reconstruirla en el mismo lugar, se optó por levantarla en un emplazamiento más adecuado, algo más bajo y amplio, donde todavía se encuentra en la actualidad. En 1133 se consagraba la nueva iglesia. El monasterio se edificó siguiendo el modelo anterior, con ermitas de madera y una iglesia de obra.
Debido a su forma de vida y a su aislamiento, son relativamente pocas las noticias sobre su historia, y a menudo están vinculadas a episodios negativos, especialmente los incendios. Hacia 1140 se celebró el primer Capítulo general cartujano, en el que se confirmó la autoridad del prior de la Chartreuse sobre todas las casas fundadas. En este contexto conviene mencionar la fundación, hacia 1145, de la primera cartuja femenina, en Prébayon (Vaucluse), aprovechando un monasterio con una larga historia anterior.
En 1300, la Chartreuse sufrió el primer incendio conocido, un hecho que se repitió en 1320 y en 1371. Estos sucesos se combinaron con algunos episodios bélicos y con epidemias de peste. Ya en el siglo XVI, la casa padeció los efectos de las guerras de Religión, que también afectaron, en distintos grados, a muchas otras casas de la orden. En 1592 sufrió un nuevo incendio que devastó las dependencias de la cartuja y obligó a la comunidad a refugiarse en Notre-Dame de Casalibus y en la Correrie. A pesar de las penurias económicas, se inició su reconstrucción.
En 1676 todavía tuvo que padecer un gran incendio que destruyó el monasterio y obligó a reconstruirlo por completo. En esta ocasión se aprovechó para modificar su planta y utilizar pizarra en las cubiertas en lugar de la madera tradicional, con el fin de reducir el riesgo de un nuevo fuego de grandes proporciones. Cabe señalar que, además de las construcciones propias de una cartuja (celdas, iglesia, claustros y otros espacios comunes), la Chartreuse debía dar cabida a los monjes que llegaban con motivo de la celebración de los capítulos anuales. En épocas de prosperidad se reunía aquí un elevado número de cartujos, teniendo en cuenta que la orden llegó a contar con cerca de ciento setenta casas.
La vida en la cartuja quedó interrumpida con la Revolución, y la supresión de la orden fue decretada en 1792. La casa fue ocupada y la comunidad obligada a dispersarse; más adelante, el conjunto sería saqueado. Fuera de aquel recinto, los cartujos pudieron mantener una mínima organización, lo que permitió, a partir de 1814, trabajar por el restablecimiento de la comunidad. En 1816 regresaron algunos monjes, que reanudaron la vida monástica en el valle.
A comienzos del siglo XX, la Chartreuse volvió a sufrir las consecuencias de la inestabilidad política. En 1901 el noviciado se trasladó fuera de Francia, a la cartuja de Montalegre (Cataluña, España), y la fabricación del conocido licor, a Tarragona. En 1903 la comunidad fue expulsada de nuevo. En 1940, los cartujos dispersos por distintos lugares comenzaron a padecer los efectos de la Segunda Guerra Mundial, y no fue hasta el final del conflicto cuando la actividad se fue reanudando. Actualmente el lugar está protegido para garantizar el marco de aislamiento que requiere la orden cartujana.
Ilustración de Notice historique sur la Grande-Chartreuse (1839)
Bibliothèque nationale de France
Unos dos kilómetros más arriba de los muros de la cartuja se encuentra el emplazamiento donde san Bruno dispuso el primer asentamiento cartujano, hoy ocupado por la capilla de Notre-Dame de Casalibus, levantada en el siglo XV y restaurada en 1656. Más arriba aún se halla la capilla de Saint-Bruno, en el lugar donde se habrían levantado las primeras celdas, desaparecidas con el alud de 1132. Esta construcción, posiblemente del siglo XIV, se alzó en recuerdo de la iglesia primitiva y ha sido objeto de modificaciones con el paso del tiempo.
Fotos publicadas en La Grande Chartreuse (7ª ed. 1930)
(Bibliothèque nationale de France)
Exclaustración de la Grande-Chartreuse, en 1903
La Correrie y Museo de la Grande Chartreuse
La capilla de Saint-Bruno, en el lugar del primer asentamiento de los cartujos
La capilla de Notre-Dame de Casalibus
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