El lugar de Cluny era propiedad del condado de Mâcon desde el año 824. A comienzos del siglo X, el condado estaba en manos de Guillermo el Piadoso (c. 875-918), duque de Aquitania, que fundó allí un monasterio. Mediante la carta de donación, fechada el 11 de septiembre de 909 o 910, entregó la villa de Cluny a Bernón (c. 850-927), a quien confió la dirección de la nueva comunidad.
Bernón era un monje prestigioso que se había formado en la abadía de Saint-Martin d’Autun (Saona y Loira) y que ya dirigía las abadías de Baume-les-Messieurs y de Saint-Pierre de Gigny (ambas en el Jura). Se convirtió en el primer abad de Cluny (910-926), donde se establecieron monjes procedentes de estos centros. El dominio donado por Guillermo ya disponía de capilla, tierras, viñedos, huertos, prados, bosques, molinos y otros recursos, lo que facilitó el asentamiento de la comunidad.
El monasterio fue puesto bajo la regla de San Benito y, desde su fundación, quedó bajo la protección directa de la Santa Sede, al margen de la autoridad de los poderes locales. Esta situación fue confirmada y precisada por el privilegio del papa Juan XI de 931, que permitía a cualquier monje romper el voto de estabilidad con su monasterio y trasladarse a Cluny, al tiempo que confirmaba la libre elección del abad y la protección directa de la Santa Sede. Este privilegio contribuyó decisivamente a la expansión de la reforma cluniacense.
La primera iglesia monástica, conocida como Cluny I según la nomenclatura establecida por el historiador Kenneth John Conant (1894-1984), fue construida poco después de la fundación. Al mismo tiempo, Cluny comenzó a extender su influencia mediante otros establecimientos. Bernón, o personas designadas por él, fueron abades, entre otros, de Notre-Dame de Déols (Indre, 917), Saint-Pierre de Souvigny (Allier, c. 915) y Saint-Pierre-et-Saint-Paul de Sauxillanges (Puy-de-Dôme, 927).
La primera época de Cluny quedó marcada por sus grandes abades, que convirtieron la abadía en un centro monástico cada vez más poderoso e influyente. A Bernón le sucedió san Odón (927-942). Mayolo (abad entre 954 y 994) fue el impulsor de la construcción de una nueva iglesia monástica, Cluny II, edificada entre 963 y 981 para sustituir a la primera, que había quedado pequeña. Durante su mandato llegaron a Cluny reliquias atribuidas a los apóstoles Pedro y Pablo, hecho que reforzó su atractivo como centro de devoción. A Mayolo le sucedió san Odilón (994-1049), que continuó la expansión y la reforma de los establecimientos vinculados a Cluny. Durante su largo abadiato, la red cluniacense se consolidó y la abadía se convirtió en uno de los principales centros de la reforma monástica occidental.
Durante el mandato de Odilón, Cluny intervino en la reforma de diversos establecimientos, entre ellos Saint-Honorat de Lérins (Alpes Marítimos), e incorporó a su red casas como el priorato de Paray-le-Monial (Saona y Loira). La influencia de Cluny se amplió todavía más durante el abadiato de Hugo de Semur (1049-1109), cuando numerosas abadías y prioratos de la actual Francia y de otros territorios europeos entraron en su órbita. La red cluniacense se extendió especialmente por las penínsulas Ibérica e Itálica y por las islas Británicas.
Hugo de Semur impulsó la construcción de una tercera iglesia, Cluny III o Maior ecclesia. Según una tradición, el monje Gunzo, antiguo abad de Baume, habría tenido una visión en la que los santos Pedro, Pablo y Esteban le habrían revelado el proyecto de una nueva iglesia de grandes proporciones y le habrían encomendado convencer a Hugo de Semur de la necesidad de construirla. Sea como fuere, en 1088 se colocó la primera piedra de un edificio de dimensiones extraordinarias para la época. Su construcción contó con el apoyo de grandes personalidades políticas y eclesiásticas. En 1095 el papa Urbano II consagró los altares del nuevo edificio, todavía en construcción, y en 1130 el papa Inocencio II hizo su consagración solemne. El conjunto se completó posteriormente con un gran nártex, terminado hacia 1220.
El último de los grandes abades de la época de esplendor de Cluny fue Pedro el Venerable (1122-1156). La red cluniacense había alcanzado una gran extensión y comprendía un número muy elevado de monasterios y prioratos, lo que dificultaba enormemente su gestión. A esta complejidad se sumaron las dificultades económicas y políticas, la competencia de otros movimientos de reforma monástica, especialmente el Císter, y los problemas internos relacionados con la observancia. A partir del siglo XIII, las necesidades de organización y control de las casas dependientes favorecieron una estructura cada vez más centralizada, que permite hablar propiamente de la orden de Cluny.
La crisis se acentuó durante los siglos bajomedievales. La guerra de los Cien Años afectó a diversos establecimientos cluniacenses y las guerras de Religión también alteraron la casa madre. En 1516 se instauró el régimen comendatario, que permitía designar abades ajenos a la comunidad y favoreció, en muchos casos, el desinterés por la gestión interna de las abadías, con el consiguiente deterioro de la vida comunitaria y de los ingresos. Paralelamente, se impulsaron diversos intentos de reforma, semejantes a los que afectaban a otras órdenes monásticas, que también comportaron la reconstrucción y renovación de parte de las dependencias de Cluny.
La casa llegó en estas condiciones hasta la época revolucionaria. La comunidad fue suprimida y los monjes abandonaron la abadía en 1791. Posteriormente, los bienes muebles se dispersaron y la abadía fue vendida como bien nacional en 1798. La gran iglesia medieval fue desmantelada progresivamente y convertida en una cantera de materiales. Actualmente solo quedan algunos vestigios, entre ellos las bases de las dos torres occidentales y la parte meridional del gran transepto, con su torre. Cerca de allí se conserva la capilla de Jean de Bourbon, situada originalmente en el extremo sur del segundo transepto.
Al lado sur de la iglesia se conserva el claustro del siglo XVIII, con diversas dependencias monásticas. También han subsistido otras estructuras, como el Farinier, un granero gótico donde se exponen importantes capiteles procedentes del coro de Cluny III. Más apartado se encuentra el palacio de Gelasio, que toma su nombre del papa Gelasio II, muerto exiliado en Cluny en 1119, donde fue enterrado. El edificio, objeto de diversas restauraciones, conserva una galería del siglo XIV. También subsisten algunos elementos de las fortificaciones que rodeaban el monasterio.
Adosada al sur del segundo transepto
Maqueta de la iglesia de Cluny III
Vista de la iglesia de Cluny
Étienne Martellange (1617)
Bibliothèque nationale de France
(Maior ecclesia)
Durante varios siglos, Cluny III fue la iglesia más grande de la cristiandad occidental, con unos 187 m de longitud, nártex incluido. La basílica tenía cinco naves y dos transeptos de dimensiones diferentes. Al oeste había un gran nártex de tres naves y cinco tramos, flanqueado por dos torres. El cuerpo principal de la iglesia, con cinco naves, se extendía hasta el gran transepto; más al este, dos tramos de coro lo separaban del segundo transepto. Ambos transeptos disponían de capillas abiertas en sus muros orientales. La cabecera estaba formada por un presbiterio profundo, rodeado por un deambulatorio al que se abrían cinco capillas radiales.
Al sur del conjunto monástico se encuentra el edificio conocido como Farinier donde se exponen, entre otras piezas,
ocho capiteles (A-H) procedentes del presbiterio de la iglesia de Cluny III
Bibliothèque nationale de France
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