Abadía de Saint-Benoît-sur-Loire
Fleury / Floriacus / S Petri Floriacensi
(Saint-Benoît-sur-Loire, Loiret)
Existe una tradición que vincula indirectamente la fundación de la abadía de Saint-Benoît-sur-Loire (o Fleury) con Benito de Nursia (480-547), quien, a petición del obispo de Le Mans, habría enviado a la Galia algunos monjes de Montecassino (Lacio, Italia), entre ellos su discípulo Mauro (c. 512-c. 584). Aquellos religiosos intentaron introducir la regla benedictina en el monasterio de Saint-Pierre-aux-Boeufs, en Orleans, aunque sin éxito.
Según un documento atribuido al año 651 y conocido únicamente por copias posteriores, Leodebod (o Leobaldo, † 655), abad de Saint-Pierre-aux-Boeufs, también conocido como Saint-Agnan, adquirió el lugar de Fleury para fundar allí un monasterio dedicado a san Pedro. Se considera muy probable que el monasterio de Saint-Pierre de Fleury se fundara hacia el año 650, o incluso algo antes, y que siguiera tanto la regla de san Benito como la de san Columbano. No sería hasta más adelante, en tiempos de Benito de Aniano (c. 750-821), cuando la regla benedictina acabaría imponiéndose de manera general.
Aquella pequeña comunidad de carácter rural experimentó un cambio radical con la llegada de las reliquias de san Benito de Nursia. El santo había fallecido en Montecassino en el año 547, donde fue enterrado junto a su hermana Escolástica (c. 480-547). Sin embargo, en el año 577 aquel monasterio fue arrasado y permaneció deshabitado hasta el año 720. Durante ese período de abandono, una expedición organizada desde el monasterio de Fleury durante el abadiato de Mummolus († 663), con la colaboración del obispo de Le Mans, se desplazó a Montecassino, de donde obtuvo las reliquias de los santos Benito y Escolástica. En el año 655, las reliquias de ambos santos fueron depositadas en Fleury y Le Mans, respectivamente.
Aunque el relato del traslado de las reliquias presenta algunas dudas, en conjunto se considera verosímil. La llegada de aquellas reliquias transformó la vida del monasterio: su culto fue reconocido oficialmente por los benedictinos, lo que impulsó el desarrollo de la casa. El monasterio pasó a ser conocido primero como Saint-Benoît de Fleury y, más adelante, como Saint-Benoît-sur-Loire. Las numerosas donaciones recibidas le proporcionaron estabilidad económica y favorecieron una etapa de prosperidad. Entre los años 798 y 818, la comunidad estuvo gobernada por el abad Teodulfo (c. 755-c. 821), personaje de origen hispano y gran erudición, que fundó una escuela e impulsó el escritorio.
Teodulfo también levantó una villa en unas tierras del monasterio situadas en Germigny-des-Prés (Loiret). Aquella residencia disponía de una capilla que todavía se conserva, aunque modificada. Más adelante, ya en el siglo XI, se estableció allí una pequeña comunidad que acabaría convirtiéndose en un priorato de Fleury. Durante aquel mismo siglo IX, la región sufrió los efectos de las invasiones normandas. En el año 865 afectaron a Saint-Benoît-sur-Loire, que fue incendiado, una situación que volvería a repetirse posteriormente. Las reliquias de san Benito fueron resguardadas temporalmente en Orleans, mientras que las de san Aigulfo (Ayoul) se trasladaron a Provins, donde más adelante se fundaría el priorato de Saint-Ayoul de Provins (Sena y Marne).
Todo ello condujo a una cierta decadencia, que se vio atenuada con la intervención de Cluny (Saona y Loira) y, especialmente, de Odón de Cluny (c. 878-942), abad también de Saint-Benoît-sur-Loire entre los años 930 y 942, quien hizo excavar una cripta donde se depositaron las reliquias de san Benito. Otras figuras destacadas de la abadía fueron los abades Archambault (943-948), Abón de Fleury (988-1004) y Gauzlín (1004-1030), este último relacionado con el abad Oliba (c. 971-1046). Gauzlín, que también fue arzobispo de Bourges, inició la construcción de una nueva iglesia después del incendio que, en el año 1026, había destruido la anterior.
En el año 1108, los restos de san Benito fueron depositados en la nueva iglesia, cuya construcción no concluyó hasta 1218, fecha en la que fue consagrada. Durante la segunda mitad del siglo XIV, la guerra de los Cien Años afectó gravemente al monasterio, que también sufrió varios episodios de peste (1338). El régimen de encomienda, instaurado entre los años 1486 y 1525, las guerras de Religión (1562 y 1567) y un nuevo incendio en 1584 abrieron una nueva etapa de decadencia, hasta el punto de que la comunidad quedó reducida a tan solo cinco monjes. A pesar de ello, el monasterio mantuvo su actividad. En 1627 se incorporó a la congregación de Saint-Maur, que se encargó de restablecer la observancia y restaurar los edificios, una labor que se prolongó durante muchos años. Finalmente, en 1790, la abadía fue suprimida a raíz de la Revolución.
Tras pasar a manos públicas, comenzó el derribo de las dependencias monásticas. La iglesia, sin embargo, pudo salvarse gracias a que sustituyó a la antigua iglesia parroquial, que se encontraba en ruinas. Más adelante, el conjunto fue protegido como monumento histórico y se emprendieron importantes trabajos de restauración. En 1864 se estableció allí una nueva comunidad monástica, que permaneció hasta 1903. En 1944 otra comunidad se hizo cargo del antiguo monasterio y todavía lo ocupa; desde 1959 vuelve a ostentar el título de abadía.
Las dos primeras iglesias del monasterio, Saint-Pierre y Notre-Dame, han desaparecido. La primera fue sustituida por una nueva construcción en el siglo XVIII. La actual iglesia de Notre-Dame es la heredera de la construcción primitiva y conserva una estructura esencialmente románica. Consta de una torre de planta cuadrada con un porche en la planta baja, que constituye la parte más antigua del conjunto y corresponde a la primera mitad del siglo XI. A esta torre se adosó una iglesia de tres naves, seguida de un transepto con dos absidiolos en cada uno de sus brazos. La cabecera está formada por un amplio presbiterio que prolonga la estructura de las naves y que, al este, termina en un ábside semicircular rodeado por cuatro capillas radiales. Esta construcción puede fecharse entre la segunda mitad del siglo XI y comienzos del siglo XIII.
La torre es el elemento más destacado del edificio. Presenta una distribución interior de tres naves y tres tramos, abierta por tres de sus lados, mientras que el cuarto queda adosado a la iglesia, donde se abre la portada. La decoración escultórica es excepcional: conserva cincuenta y cuatro capiteles en la planta baja y setenta y cuatro más en el piso superior, buena parte de ellos historiados.
Esquema de la planta de la iglesia
Monasticon Gallicanum
Bibliothèque nationale de France
Sello de un abad
Publicado en Histoire de l’abbaye royale de Saint-Benoît-sur-Loire
Según Armorial général de France (s. XVIII)
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